Se nos propuso en esta segunda
semana ver dos webinars de ediciones anteriores y reflexionar sobre ellos.
En el primero comentaban cómo
habían recibido aquel primer Mooc sobre ABP que habían realizado y me gustó
escuchar dos reflexiones que coincidían con mis impresiones. La primera, la
sensación de estar ante algo grande: nadie me había hablado del Mooc ni sabía
cómo era ni en qué consistía, lo vi anunciado el mismo día que comenzaba y a
los cinco minutos estaba registrada. No esperaba tal cantidad de trabajo ni
tanta organización. Estamos muy poco acostumbrados a ver cursos, eventos, etc,
bien organizados (al menos yo) y no podía creer dónde me había metido. Estaba
entusiasmada. Pero claro, esto me llevaba a la segunda sensación, también
compartida con los participantes del webinar: verlo todo de color de rosa
dentro del Mooc, hacer un diseño que en tu cabeza funciona de forma ideal, y
llegar a clase y que se te caiga el alma a los pies, porque tus alumnos de sexto
quieren hacer lo que llevan ocho años haciendo: escuchar una explicación y
rellenar huecos que tengan que ver con ella. Y lo que cuesta sacarles de ahí…
Me llamaron también la atención
los consejos para los novatos del Mooc. Me venían que ni al pelo: piensa en
pequeño (ve de menos a más) y haz un prototipo de plastilina. ¡Vaya! Todo lo
contrario a lo que hice: pensé en grande y mi prototipo de proyecto fue más
bien un proyecto mínimo viable. Y el caso es que antes de escuchar los
consejos, ya sabía de algún modo que precisamente eso fallaba. Me reconozco
bastante inflexible y sé que a través de este curso puedo aprender a
flexibilizar un poco. Seguramente tenga que cambiar tareas o algún otro aspecto
del proyecto, y me va a costar, pero me acordaré del consejo del prototipo de
plastilina e intentaré llevar los cambios lo mejor posible, como parte del
proceso de creación.
También me interesaron las
reflexiones acerca de cómo trabajar con ABP en un centro tradicional y de cómo
intentar cambiarlo. Y es que estoy en esas. Los comentarios no fueron muy
alentadores, pero prefiero esos comentarios realistas a los ilusionantes, porque
me los creo más. Sé que hay que luchar y no rendirse, pero después de ocho años
nadie se contagia. Los compañeros hablan muy bien de cómo trabajo, pero no
quieren hacerlo. Y el equipo directivo tiene ideas diametralmente opuestas. Y
es que estoy de acuerdo en qué aspectos son importantes a la hora de transformar
un centro y mantenerlo: que el equipo directivo tire, que la formación por sí
sola no sirve sino se consolida y que el ABP necesita mucha coordinación.
Y por último, me gustaron algunos
comentarios que me hicieron imaginar un centro que trabaja con proyectos por
dentro. Siempre me he preguntado cómo es posible la organización del ABP con lo
estrictos que son con los horarios desde inspección. Y Amparo Hidalgo lo
explicó muy bien. Los horarios hay que romperlos, como se pueda, y la labor del
equipo directivo es ser facilitador. ¡Yo quiero trabajar en un centro así! Que
yo ahora mismo sólo encuentro barreras. Pero sé que encontraré mi sitio y podré
ayudar a mis alumnos de la mejor manera que sé.
¡Hasta pronto!
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