miércoles, 2 de mayo de 2018

Voy a titular la actividad de introspección de la semana 4 “Yo confieso”.



Comencemos, pues, a analizar mi punto flaco, mi talón de Aquiles. Sobre todo, lo es porque hasta hace unos meses no sabía ni que lo era. No me había planteado ni cuestionado mis prácticas de evaluación hasta que… ¿Hasta cuándo? ¿Cuándo me abrí una cuenta en Twitter? ¿Cuándo empecé a leer un libro sobre las escuelas21? No logro encontrar el punto de inflexión, pero de repente empecé a ver fallos muy gordos en mi práctica evaluadora y descubrí las rúbricas como mis fieles salvadoras. Aunque todavía tengo que aprender a crearlas bien.
Vamos, que hasta hace nada mis estrategias de evaluación se limitaban a valorar las pruebas escritas y trabajos varios, ya fueran en equipo o individuales, pero sin determinar claramente qué capacidades ni estándares concretos estaba evaluando. Vamos, un desastre. Sí, lo confieso.
Utilizo estas estrategias tanto para la evaluación diagnóstica como para la formativa y sumativa, pero también realizo otros tipos de actividades que me dan información general sobre los conocimientos y capacidades previas de los alumnos y de sus progresos. Sin embargo, utilizo esta información para cambiar mis estrategias de enseñanza-aprendizaje y adaptarlas a las necesidades de los alumnos, más que para evaluarles individualmente. Lo que noto es que me falta sistematización, me falta tomar nota de toda esta información; me baso mucho en la intuición, pero veo que no puede ser así y que necesito más organización. Lo confieso.
Quiero usar la autoevaluación, la coevaluación, las rúbricas, valorar un amplio abanico de competencias, cosa que ahora mismo no hago, y creo estar en el camino. Bueno, en realidad estoy en la casilla de salida. Me posicioné aquí cuando me di cuenta de que mis prácticas de evaluación no eran buenas. Ahora sólo me falta avanzar, y estoy segura de que esta semana el Mooc me va a ayudar a ello. 😊
En un plano general, no tengo mucha idea de las prácticas de evaluación de los docentes en mi centro. Tenemos muchas reuniones para mil cosas, pero este tema nunca se ha tratado en profundidad. Sí que sé que los docentes en mi centro somos los únicos que evaluamos y que lo habitual es evaluar los contenidos propios del “saber”, y pocas veces el “saber hacer”. ¿Actitudes? Sí, pero en un segundo plano. Como no hay una línea metodológica común, tampoco hay una práctica evaluadora común. Hay docentes que evalúan al final de cada unidad, otros, cada dos unidades, etc. ¿Rúbricas? No he visto ninguna en mi centro, salvo la que utilicé yo la semana pasada (he empezado a hacer mis pinitos, aunque no sé si muy bien), y me atrevería a decir que menos de la mitad de los maestros han oído hablar de ellas (vamos, igual que yo hace dos meses). ¿Portafolios? Tampoco. Las herramientas más habituales son los exámenes escritos y las plantillas de observación para el control de las tareas. Y pare usted de contar. Así estamos, pero así no me quiero quedar. De modo que ¡manos a la obra!

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